Vida Cotidiana
María Antonieta Navarrete
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Camino a la cruz iba Jesús,
sus llagas sangrantes iban con El,
su corona de espinas como clavos ardientes
horadaron su frente y su majestad.
Callado y humilde su corazón sufría;
no su propio dolor sino el de la gente,
que en medio de sus tinieblas no comprendía,
que no podría dar muerte,
al Hijo del Dios viviente.
Aún lleno de llagas desde su cabeza a sus pies,
corriendo su inocente sangre
en tierra santa quedó,
para lavar en ella las culpas y pecados,
y pagar el precio de la redención:
El sacrificio de un hombre santo,
hermoso y perfecto
que vino a la tierra como el Hijo de Dios.
A JESUCRISTO